"No existen más que dos reglas para escribir: Tener algo que decir y decirlo."
Oscar Wilde



sábado, 8 de febrero de 2014

Yo también probé el salitre del temporal






YO TAMBIÉN PROBÉ EL SALITRE DEL TEMPORAL











Oh! el mar, tranquilo y transparente
Oh! el mar, siempre en constante movimiento
con sus juguetonas olas rompiendo en la orilla
golpean mis tobillos desnudos como una caricia
Oh! el mar, la ciudad de los peces
Oh! mar, que bella eres.
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Una ola como esa fue la que me engulló : (
¿Pero, quien ha escrito esa chorrada de las tranquilas aguas juguetonas??..por favor, ¿Que el mar no tiene peligro??...¿Que el mar te hace cosquillas en los tobillos??...!Y un huevo!  "Un tranquilo y transparente mar que acaricia los tobillos desnudos", dicen!...si, si. ja, ja. y el juanete y el callo también! no te jode!
Los poetas que escriben esos cursis,.. en ocasiones agradables e incluso placenteros poemas sobre un tranquilo mar,  probablemente, -por no decir seguro-, lo hacen inspirándose mientras miran las tranquilas aguas en reposo en un cubo de  fregona con Fairy limpia suelos, y no el mar en su verdadera dimensión.  Ignoran esos poetas de débil plumilla, el guerrero que se esconde entre esas grandes masas de agua llamadas olas, y sino que me lo pregunten a mi, que fui pasto de su fuerza, casi diría que de fuerza vengativa. Si, que me lo pregunten a mi porque ahora estoy en disposición de saber exactamente cuánto pesa el agua sin necesidad de báscula, y lo sé por la gran cantidad del cabreado líquido salado que cayó encima de mi cuerpo serrano el otro día, cuando cumplía con mi deber de caza-imágenes. Me cayó parte del mar encima, toda de golpe. Sin previo aviso. Totalmente a traición.
El  agua entra en las calles de la Parte Vieja
Reconozco que el lugar no era el que me aconsejaban los municipales. Se que era una esquina peligrosa, que asomando el cuerpo veía perfectamente, a unos cinco metros, el pretil del paseo por donde saltaban las enormes olas, pero claro, de mandar a los de la agencia unas fotos tenían que ser de esas descomunales, es decir, fotos de olas que impactasen y no unas pequeñas olas de nada. Tenían que impresionar al personal. Y vaya si impresionaron. Asomé la cabeza con medio ojo metido en el visor de la cámara, cuando vi como se me abalanzaba una gran masa de agua sin previo aviso. Ya no me dio tiempo a nada más. Sentí como me engullía aquella ola como si fuera un solomillo a la plancha. Me tiró al suelo como un muñeco y me arrastró dando vueltas y más vueltas mientras me pegaba golpes contra semáforos, coches aparcados, cunetas y todo lo que encontraba mi pobre cuerpo por el camino, hasta que la fachada de un edificio hizo de freno, allí fue donde pare dándome un gran golpe contra la puerta de un portal. Algo terrible. La cantidad de agua que pude tragar, por Dios! Recuerdo que por el camino unas señoras subidas en unas escaleras, gritaban: !Ay! que se lo lleva el agua! !Ay! que se lo lleva el agua! como si yo fuera un saco de basura.
Las olas asaltan los puentes
Me levante o levantaron que ya no lo recuerdo bien, me curaron en una ambulancia las magulladuras y heridas que me hizo el mar, que podía haber sido mucho peor. Ojeé el par de cámaras bastante perjudicadas, hasta el punto que no sirven para nada, aunque pude salvar las tarjetas de memoria, eran las que llevaba cuando me ataco Neptuno. El resto de material lo deje en el coche por si acaso. Y ahí se terminó para mi y por aquel día el temporal, las olas enormes, el cuerpo mojado-magullado y la noche. Eran ya las tres de la madrugada.
Luego, ya en casa, pensando y pensando, porque uno también piensa, que conste!, imaginé que eso del mar y los temporales son como las hipotecas no pagadas. Neptuno, para los mitólogos romanos o Poseidón en la mitología griega, Rey de todos los mares, es el dueño de todo lo que durante años y más años nos hemos apropiado y si no pagamos nos quiere desahuciar a base de olas, olas y olas. Son muchos años robándole sus terrenos y quieras o no, él reclama lo que es suyo. Bueno, no voy a seguir por ahí que como me oiga Rajoy le pedirá dinero a la Merkel para dárselo a Neptuno y nos subirá los impuestos. Es que a este no se le puede dar ideas, enseguida te toca el IVA el IRPF y la hostia!
En fin, ya sabéis lo que me ocurrió en el temporal de mar de estos días. Un consejo, no os acerquéis mucho para ver el mar cuando esta cabreado, es muy peligroso.


Besos y abrazos.

arkaitz

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