"No existen más que dos reglas para escribir: Tener algo que decir y decirlo."
Oscar Wilde



martes, 24 de abril de 2012

Me llamo Beltz



ME  LLAMO  BELTZ




( Leer escuchando "El gato que esta triste y azul" de Roberto Carlos )


Hola!..

Soy un gato, pero un gato de los comunes, eh! nada de esas razas pijas de largo pelo, soy un gato común y de color negro, todo negro, por eso los que me adoptaron me pusieron de nombre Beltz, que significa negro en español. Es que beltz es una palabra vasca.

¿Que porque lo cuento? ya sé que hay muchos libros y relatos contando la vida de gatos, perros y otros animales escritos en primera persona, o sea, lo que ahora estoy haciendo yo, hablando con vosotros, pero no me importa, cada animal es distinto, yo soy yo y como las personas no hay dos iguales. Además que siempre es curioso escuchar hablar a un gato, así aprendéis a comprender a los animales.

 A mí me llevaron a la casa donde vivo hace ocho años y les tengo oído decir que eso ocurrió al poco de nacer yo, o sea que tendré ahora unos ocho años aproximadamente. Se puede decir que ya soy mayor. Los gatos cuando tenemos trece o catorce años somos muy viejos, más bien ancianos, entonces yo que tengo ahora ocho, no andaré muy lejos de ser un vejete, seré aproximadamente como un jubilado de vosotros los humanos.
 
 Recuerdo, muy vagamente, pero lo recuerdo, que cuando aquel hombre me compró, estaba yo sólo en el escaparate de una tienda donde había mas animales y mis hermanos se habían ido con otra gente. Éramos cinco en total y cada uno se fué con una persona distinta. En aquel momento yo era el único hermano y también gato que había en aquel escaparate. No sé nada de mis otros hermanos, pero yo tuve suerte, son maja gente los que me cogieron. Espero que mis hermanos también estén bien.
 
 Mis dueños son mi familia. Al principio no les entendía nada, no comprendía lo que me decían, era como si hablaran en otro idioma, pero ahora, pasado el tiempo les comprendo, he ido aprendiendo su lenguaje. El jefe también me quiere mucho, enseguida supe que lo era porque era el que más alto hablaba y en ocasiones se enfadaba, aunque también es él que más caricias me hace. La otra, se nota que no es la jefa de la manada pero también me cuida mucho y me limpia y me acaricia.
 
Yo no podría vivir sin mis dueños, me moriría.  Pero no de hambre ni de frío y esas cosas, no, me moriría de pena. Los gatos que están en la calle saben mas que yo y no podría buscarme la vida junto a ellos. Además que pasado el tiempo les he cogido mucho cariño a mis dueños.

En una ocasión que estuve sin verlos durante varios días porque se habían ido a no sé donde, aunque venía a ponerme la comida y el agua una amiga de ellos, yo no podía comer, no tenia hambre. Estaba muy triste por no verles y no pensaba en la comida. Hasta que un día, después de todos los que habían pasado sin verles, llegaron, y ahí se me pasó todo. Empecé a comer mucho y beber mucha agua y hasta hice cacas que tampoco hacia. Todos esos días estuve muy triste y al verlos me alegre muchísimo. Me puse como loco de contento, saltando, oliéndoles, moviendo el rabo con fuerza.  Por lo que pude escucharles pasados unos días, les entendí que yo había estado depresivo, que un señor llamado veterinario se lo había dicho al jefe.

Mi casa es mi gran ciudad, no salgo de ella, sólo a la escalera y los balcones, mis dueños dicen que así no cojo enfermedades. Que su amigo veterinario se lo ha dicho. En realidad yo tampoco quiero salir, no lo necesito, tengo todo lo que quiero en mi ciudad. Camas, sofás, alfombras, comida, agua, por tener tengo hasta una ducha que en ocasiones me abren el grifo y me cae por encima todo el agua caliente, eso me gusta.

Lo que no me gusta nada es cuando el jefe quiere sacarme fotos. Siempre está con lo mismo. Dice que soy difícil de tomarme fotos, que si los brillos, que si los contrastes por ser negro. Yo corro y me escondo bajo la cama y él metiendo la mano intenta cogerme mientras me llama animal. No lo sé, pero cuando está contento me llama por mi nombre y cuando no lo esta me llama animal. Es un poco raro el jefe.

Por la noche duermo en su cama, me pongo a sus pies y duermo. Como la cama es muy grande  estoy muy cómodo y no me molesta con sus pies. Yo soy el que me pego a los suyos para calentarme si tengo frío.

Yo, e imagino que todos los gatos, tenemos un gran oído y un gran olfato, así que cuando mis dueños entran al portal, por sus pisadas sé que son ellos y maúllo muy fuerte para que sepan que estoy enterado de ello. El jefe concretamente, cuando me oye hace ruidos con sus llaves para que yo sepa que él me ha oído. Y eso es una cosa que me gusta. El jefe siempre dice que eso es porque soy un buen felino, no se porque lo dice si soy un gato, pero el sabrá.

Si por lo que fuera no hay nadie en casa, estoy sólo y un día tardan mas de la cuenta, yo, que por la luz que entra por las ventanas me oriento muy bien y se la hora que és, me pongo muy nervioso y comienzo a tener miedo y doy mil vueltas por mi ciudad. Espero con las orejas tiesas e impaciente algún ruido que pueda indicarme que son ellos. El ruido de puertas, de toses, de risas, ó si puedo escuchar sus voces. Hasta que por fin las escucho y me tranquilizo y me pongo contento y salto y araño la puerta y giro sobre mi mismo como queriéndome cogerme el rabo. 
Conozco perfectamente sus pisadas, conozco su olor, su carraspeo, sus risas, sus toses, lo tengo todo  en mi memoria. Sus voces son inconfundibles para mi, por eso sé cuando son ellos.

En ocasiones tumbado en la alfombra cerca de la calefacción viendo como el jefe esta con sus cámaras de fotos y sus líos de ordenador, pienso en mis hermanos y en como estarán y donde. Si habrán tenido suerte como yo. Si tendrán comida. Si tendrán frío ó estarán calientes. Según pasan los años los veo más borrosos, sus rostros se van difuminando, ya no recuerdo muy bien como eran.

Bueno, que no quiero ponerme triste. El jefe siempre dice que hay un cielo para los animales y que allí los encontrare.

Este soy yo, un gato negro que estaba en un escaparate esperando que alguien se lo llevara.  Me llamo Beltz.

arkaitz

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viernes, 20 de abril de 2012

AQUELLO ME DOLIÓ UN HUEVO


AQUELLO ME DOLIÓ UN HUEVO





( Léase este relato escuchando "Una patada en los huevos" de Alberto Iglesias, 
Banda Sonora de "La piel que habito" un film de Pedro Almodóvar )


Sinceramente hoy ya me he enfadado. Mi paciencia tiene un límite y la han rebasado, estoy cansado de las bromas de todos ellos, bueno mejor dicho de todas ellas, porque son ellas, las chicas de la cuadrilla las que se han puesto de acuerdo en decir que soy un hipocondríaco. Que si me quejo de esto. Que si me quejo de lo otro. Y yo no me quejo más de lo que me duele o molesta y si ahora me molesta un huevo, pues me molesta un huevo y punto.

Pero esto ya viene de lejos, no es la primera vez.  Un verano en plena temporada de regatas de traineras de veteranos, -actividad casi perdida- en pleno esfuerzo note un fuerte dolor en el muslo. Al término de la regata tenia en dicha zona una hermosa mancha de color morado oscuro más bien tirando a negro y con fuerte dolor.

A la tarde estando con la cuadrilla en el bar que normalmente nos reunimos les enseñe la mancha poniendo todos cara de asombro y asco.  
-¿Que os pasa? -les dije medio acojonado viendo sus expresiones-.
-Pues que tiene eso una pinta muy rara. -Me dijeron-. 
-¿Y que creéis que puede ser? 
-Yo creo que te ha salido un lunar muy gordo. -dijo  Aitziber-. 
-Que chorrada, ¿un lunar?.
-Que si, que si y además de esos peludos  que son los peores porque pueden ser cancerigenos.
-Oye! no me acojonéis eh!. Pero no veis que son los pelos de mi pierna!. -les dije asombrado-. 
-Ah!, bueno, pero tiene muy mala pinta.
-Total, que pasé unos días terribles pensando lo peor, cojeando y sin poder dormir, hasta que llegó el día de la cita con el médico. Resulto que era una pequeña rotura de fibras y decían que era un lunar gordo cancerigeno, manda huevos!!

Bueno, como decía al comienzo estaba enfadado por lo de hipocondríaco, les ha dado por llamarme eso y la verdad es que no lo soy. Si, reconozco que le doy muchas vueltas a las cosas, pero no me obsesiono con las enfermedades. Lo que me cabrea y me obsesiona es la mala suerte que tengo con los médicos. Me gustaría dar con el médico adecuado y siempre acudir  a el. Pero...

Llevaba una temporada con un fuerte dolor en los bajos, o sea, en la zona testicular, bueno, en los huevos. 
-!Es que le das muchas vueltas a la cabeza!. -me decían los de la cuadrilla-. 
-!Que no coño!, si me duelen pues me duelen, que queréis que haga? -les decía, agarrándome siempre mis partes-.
Al reírme, al hablar alto ó toser, me dolían. Por eso mi actitud esos días era totalmente neutra, como impasible, casi sin mover un músculo. Como la estatua de cera del Urdangarin y esa gente!

Me tocó ir al médico, tenía hora para el día 12 de Abril a las 11:45 y allí estaba puntual como un ingles. 
Me recibió enseguida el médico, casi no tuve que esperar. 
No es que yo descrimine a la mujer, dios me libre, que haría yo sin ellas, pero la verdad no me esperaba que el médico fuera doctora. 
-Pase, pase, no se quede en la puerta. -me dijo en una actitud bastante cordial-.
Mi semblante cambio por completo tomando un gesto,..llamémosle de asombro y ese cambio de gesto me produjo más dolor en los huevos. 
-!Ay!! -dije al notar el dolor-.
-Dígame, que le ocurre, porque ese grito?. 
-No, no es nada, me duele ahí abajo.
-¿Abajo?..en los pies quizás? -me dijo, creo que con sorna y sospechando la zona-. 
-No, no, en la zona testicular.

Todo esto que estoy contando ocurría en una consulta con una doctora, una enfermera y dos MIR, que no se si sabréis pero son jóvenes que ya han terminado la carrera de medicina y hacen practicas hasta coger plaza, -en este caso en Osakidetza-, y lo hacen en las consultas de los médicos que ya están ejerciendo. Se sientan cerca del doctor o doctora y observan todo lo que hace y escuchan todo lo que dice. Bueno, pues los MIR también eran chicas. Allí todas eran mujeres. Cuatro, nada menos que cuatro mujeres mirándome y yo allí contando mis penas de los huevos. Era una situación totalmente  deprimente y hasta humillante. Me sentía como un boy encima de una barra americana. Me imaginaba a la doctora y las demás metiéndome billetes de cien euros por el slip. Dios!! que situación!

Cuando aquella señora doctora me dijo, estando yo de pie delante de ellas como un revolucionario frente al paredón,..
-A ver, bájese los pantalones y enséñeme las zonas afectadas. 
-!Eh!..¿Que zonas afectadas? -le conteste con un hilo de voz ya sin recordar para que estaba yo allí-. 
Aquella situación había bloqueado hasta mis orejas. No podía pensar. Mi mente se había agarrotado. Que vergüenza por Dios!!.
-!Pues sus testículos!! -dijo elevando la voz la doctora-
- No me ha dicho que le duelen? -siguió diciendo mientras las cuatro mujeres miraban mi bragueta descaradamente-.
-¿Que me duelen a mi??..el que? ¿los testículos?. !Nooo!! lo que me duelen son las rodillas, eso es lo que le he querido decir! No me han entendido ustedes, he dicho que me dolían las rodillas, creo que será algo reumático. -Dije eso para evitar tener que enseñar los huevos allí, delante de todas-. 
-Pues eso es cosa del traumatólogo, yo soy uróloga. -dijo la doctora-
-Pues no sabe usted lo que lo siento, todo ha sido una confusión, usted perdone doctora.
Y me marché.

Salí sudoroso, pálido y nervioso de la consulta, sin mirar hacia atrás. Mis andares con las piernas abiertas para evitar rozamientos llamaba la atención, tengo que reconocerlo, pero era necesario si no quería pegar un grito. Creo que ahora estaban mas gordos y colorados.

Al salir del edificio, giré y dirigí mis pasos por la recta y mojada calle San Francisco. Allí cerca, -no había andado cincuenta metros- me encontré con un establecimiento que ponía Veterinaria--Herboristería, entré y al dependiente le dije:..
-Buenos días, quiero algunas hierbas para los testículos de mi Mastín Tibetano, que lleva una temporada quejándose.
-Pues mire usted, el Comino es una planta mágica, tóme, haga una cataplasma con ella y apliqueselo a su perro en la zona afectada.-me dijo muy amablemente-
-Tenga. -continuó diciéndome- Le pongo también unos pañales especiales para estos casos. ¿Que tamaño le vendrá bien a su perro? -me dijo-
-Pues hermosos, que sean hermosos porque el también lo es. -le dije muy serio-
Le pagué y me fuí por la misma larga y mojada calle San Francisco. 

Mirando y pisando aquel  encharcado suelo, pensaba en mil cosas. La forma de hacer la cataplasma con el Comino que huele tan mal, joder, que porquería....
-Eso se lo diré a María, ella sabrá como hacer cataplasmas.  -pensaba- 
-Le diré que es para un vecino, así no hay preguntas estúpidas. -seguí pensando-  
-Además!..no hay nada malo por ponerse un pañal con una cataplasma. -continué pensando-  
-Y los de mi cuadrilla,..jamás se tienen que enterar, se morirían de risa los cabrones.  -seguí pensando-  Mientras, mi figura se empequeñecía y difuminaba por la distancia de la larga y mojada calle San Francisco.

arkaitz

-VOTAR-





sábado, 7 de abril de 2012

LOS ZAPATOS ITALIANOS







LOS  ZAPATOS  ITALIANOS


(  Leer este relato escuchando  "These Boots Are Made for Walkin"  de Nancy Sinatra )




La semana pasada me compré unos zapatos en compañía de una amiga en una conocida zapatería donostiarra. Mi amiga, que de eso entiende mucho, me oriento sobre las últimas tendencias en la moda del calzado. Marcas, colores, formas, etc.   Me dijo mi amiga, que los zapatos que nos había mostrado la dependienta eran muy buenos y modernos, que podía confiar en ellos plenamente. Que eran italianos y muy fashión. Eso que me dijo de fashión me gustó, sonaba como a pijo y uno que nunca lo ha sido pues como que me gustaba 
Me fije en unos que nada más verlos me gustaron. Eran de un corte moderno, color marrón no muy oscuro tirando a granate con una costura a su alrededor y una especie de hebilla lateral casi inapreciable, muy disimulada.

Salí del comercio con ellos puestos. Fuimos a tomar algo, luego ella se compró unos tangas y sujetadores en otro comercio y ahí nos despedimos. 

No quise decir nada antes por estar ella, pero un ligero dolor se había apoderado de la parte lateral de uno de mis pies, concretamente la zona del juanete. Aquello me hacia andar forzado. como si estuviera bailando por bulerías. Los dedos los tenia medio montados. El dedo gordo había trepado al siguiente dedo como un hábil montañero. Quizás seria por la forma puntiaguda de los zapatos italianos.

Apoyado en un farol me quité con disimulo un zapato y por el calcetín se apreciaba una ligera mancha de sangre. Fui a la farmacia que por suerte se encontraba cerca, y allí compre unos tiritas. 

El farmacéutico me pregunto que es lo que deseaba.
- Unos apósitos -le dije- tengo unas heridas en los pies.
- No serán estigmas, ahora que estamos en Semana Santa...
- No, no, soy totalmente agnóstico e impío. Esto son heridas producidas por el calzado.
- Esta bien señor. Yo se lo decía por si acaso, igual era usted un elegido.
- Que va, soy un pecador terrible. No me eligen ni para monaguillo. 
- Adiós y gracias.
Entre en el primer bar que encontré y pedí un vino al camarero. Fui al servicio -que es lo que quería-, y allí sentado de mala manera, pues era pequeño el aseo, pude ponerme los apósitos o tiritas tanto en el juanete como en el dedo gordo, también dañado, así como en el talón con un principio de desgarro de piel y formación de ampolla reventona.

Ya, con esa seguridad que te da saber que tienes protegidas las zonas expuestas al rozamiento y desgaste de piel, me tome el vino en un prolongado y paladeado trago y me marché todo contento.

Al poco rato me comenzó a molestar de nuevo el pie, pero en esta ocasión también el derecho. Ahora ya me dolían los dos pies.

Entré en otro bar y pidiendo de nuevo un vino me fui al aseo. Allí pude ver como se habían movido todos los apósitos, estando todos pegados, hechos una mierda junto al tobillo. El juanete sangraba, el dedo gordo también y el talón,..en el talón la ampolla tenia dimensiones considerables. Salí, me tome el vino, este ya más rápido, pagué y me marché cojeando pero rápido. 
De nuevo fui a la farmacia donde había adquirido los tiritas y allí compre algo más contundente. Esta vez pedí una caja de gasas de las hermosas, un frasco de Betadine, esparadrapo del ancho en rollo grande y otro rollo de vendas.

Al pagarle, el farmacéutico me dijo:.. Le siguen doliendo los pies?
-Un poco, nada que no se cure con un buen vendaje.
-Si al final serán estigmas, ya lo sabía yo. -me dijo con media sonrisa- 
-Pero que manía le ha entrado a usted con los estigmas  de los cojones, que son rozaduras coño! -le conteste en tono enfadado-
Y me fui.

De nuevo tuve que meterme en un bar. Pedí otro vino rioja y bajé a los servicios. Estaba ocupado. Me apoyé en la pared, esta vez con algo de dificultad, quizás el vino me estaba afectando. Los pies me dolían cada vez más. El dedo gordo ya no lo sentía. Por un momento pensé que se me habría caído. La ampolla del talón casi se me salía del zapato.  Aquellos jodidos zapatos italianos me apretaban como una tortura de la Inquisición.

Me quité los zapatos con sumo cuidado, también los calcetines y limpie con papel higiénico mojado en agua las zonas heridas, para posteriormente ir embalsamando mis pies con la venda como si se tratara de un Dios egipcio. Me puse bien de esparadrapo para impedir que se soltara y con sumo cuidado los fui metiendo en mis nuevos zapatos italianos.

Me costó un huevo ponérmelos, pero al final entraron. Subí las escaleras que llevaban hasta el mostrador con unos andares como si estuviera escocido. Dos chicas que bajaban se me quedaron mirando y me pareció escuchar que una le decía a la otra, -mira, lleva calzado italiano-. Bueno, eso me pareció a mí, quizás le decía que estaba borracho perdido por mis andares tan peculiares.

Llegué a la barra del bar donde estaba mi vino. Me senté en un taburete pues ya no podía con mis pies, unos pies  que ahora abultaban el doble por la cantidad de venda que llevaban. Los miré y comprendí que aquellos zapatos italianos tenían que ser buenos para poder aguantar la presión de mis pies embalsamados. Yo sinceramente los encontraba tirantes, muy tirantes. Pero como dijo mi amiga, eran muy fashión.

Pero fue mirándolos cuanto me di cuenta de aquellas inapreciables hebillas tan hábilmente camufladas. Levante la lengüeta que los tapaba y lo afloje corriendo un par de agujeros de la hebilla. Me costó, tengo que reconocerlo, los vinos habían hecho su efecto y mi visión no era del todo buena. Pero inmediatamente note como incluso me quedaban hasta flojos los zapatos y una confortable sensación de bienestar y placidez recorrió mi cuerpo. Todo el misterio era la hebilla  y sus agujeritos.

¿Cómo no se me ocurrió antes? ¿Cómo no pensé antes en la hebilla de las pelotas?..pues la verdad no lo sé. Será algo que va con el ser humano, y si no es con todos, si por lo menos conmigo. Soy un estúpido que no ve más que la superficie y no lo escondido.

Aparte de la sorprendente constatación de la magnitud de mi propia estupidez, intuyo que hay una metáfora muy potente dentro de esta historia. Y estoy seguro de que la encontrare, aunque me tire pensando un montón de años.

arkaitz




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